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Cuando todavía estaba aquí

Foto del escritor: erika guerrero
erika guerrero
16 ago
4 min de lectura

Hoy me toca despedir a mi abuela.

No sé si tengo las palabras suficientes para explicar lo que siento. Tampoco soy de llorar demasiado cuando alguien cercano muere. Mi tristeza no siempre sale en forma de lágrimas. A veces simplemente se queda dentro, en ese vacío extraño que aparece cuando sabes que una persona ya no estará, que ya no podrás verla, escucharla o preguntarle cómo está.

No fui la persona más cercana a mi familia, y quizás tampoco fui quien estuvo a su lado todos los días. Pero siempre estuve pendiente de mi abuela desde la manera en que pude. Cuando necesitaba algo, intentaba ayudar. Cuando podía comprarle algo, lo hacía. Buscaba la forma de estar presente, aunque fuera desde lejos y con pequeños detalles.

Lo último que le compré fueron unas medias térmicas.

Las compré pensando en que las usaría para protegerse del frío, pensando que todavía habría tiempo para entregárselas, para verla utilizarlas, para saber que algo tan sencillo podía hacerla sentir un poco más cómoda.

Ahora esas medias están ahí, sin ella.

Y quizás eso sea una de las cosas que más me golpea: seguir comprando, pensando y haciendo planes para personas que uno cree que todavía tendrán muchos días por delante, hasta que de repente la vida nos recuerda que el tiempo nunca estuvo garantizado.

También tengo algo dentro de mí que necesito decir.

Me duele haber escuchado tantas veces discusiones sobre quién debía cuidarla, quién tenía que estar pendiente, quién podía sacar tiempo, quién tenía más responsabilidades o quién podía hacer más.

Me duele porque mientras ella estaba viva, mientras todavía necesitaba compañía, atención y cariño, muchas veces parecía que nadie tenía tiempo suficiente.

Y ahora, cuando estaba en su lecho de muerte, de repente sí había tiempo.

Ahora sí aparecieron los días libres. Ahora sí había personas dispuestas a ir a verla. Ahora sí todos querían estar cerca.

Pero ella ya se estaba yendo.

Y no digo esto para juzgar el dolor de nadie. Sé que cada persona tiene sus propias circunstancias, sus responsabilidades, sus problemas y su manera de enfrentar las cosas. Sé también que nadie puede saber exactamente lo que otra persona está viviendo por dentro.

Pero sí creo que hay una reflexión que no deberíamos ignorar:

¿Por qué muchas veces esperamos a que alguien esté a punto de morir para demostrarle que nos importa?

¿Por qué esperamos una enfermedad, una cama de hospital o una despedida para encontrar el tiempo que antes parecía imposible encontrar?

La muerte tiene esa crueldad. Nos hace querer recuperar momentos que ya no pueden recuperarse.

Nos hace pensar en las llamadas que no hicimos, las visitas que aplazamos, los abrazos que dejamos para después y las palabras que creímos que tendríamos tiempo de decir algún otro día.

Pero a veces ese otro día nunca llega.

No necesito llorar desconsoladamente para saber que me duele su partida.

Me duele porque sé que ya no estará.

Me duele pensar que alguien que formó parte de mi vida ahora solamente permanecerá en los recuerdos.

Me duele saber que para muchos de sus familiares esta despedida será todavía más dolorosa, porque la quisieron de maneras distintas, porque compartieron más años, más momentos y más historias con ella.

Y también espero que, en medio de todo ese dolor, cada uno pueda quedarse con los recuerdos bonitos y con la tranquilidad de haberla amado a su manera.

Desde mi corazón, solo puedo desear que mi abuela tenga un buen descanso en el cielo.

Espero que ya no sienta frío, que ya no tenga dolores, que esté tranquila y rodeada de luz.


Daniela dice: Mi corazón está con tu y mi familia, les envío mucho amor y apoyo, sé que estoy lejos.

Nona espero que desde allá arriba estés mirándonos y protegiéndonos, porque acá te recordamos con mucho cariño y no olvidamos lo cálida que fuiste

Jenifre dice: Gracias por la niñez que nos regaló

Por ayudarnos de criar

Por enseñarnos la buena música 🎶 esas carrileras tan bonitas que nos aprendimos gracias a ella

Gracias por los buenos momentos a su lado y por los tíos que nos dejó.

Y sobretodo gracias por traer al mundo a mi mamá.

Vanesa dice: A mi nona q ella siempre estuvo para aconsejarme y regañarme para ser una mejor persona q gracias por todo y todas las veces qué me aguanto q por estar con migo q nunca le regale una flor en vida pero haora ya es tarde pero le traigo flores para adornarle y darle gracias por dejar q le dijera un adios

Alejandra dice: no tengo tiempo

“Estoy pendiente de ti. Quiero que estés bien.”

Ojalá nunca olvidemos que el amor no debería demostrarse solamente cuando estamos a punto de perder a alguien.

Porque cuando la persona todavía está aquí, todavía podemos llamar.

Todavía podemos visitar.

Todavía podemos abrazar.

Todavía podemos cuidar.

Todavía podemos decir: “Te quiero.”

Después de la muerte, solo nos quedan los recuerdos.

Y yo quisiera que la próxima vez que pensemos en alguien que amamos, no esperemos a que sea demasiado tarde para estar presentes.

 
 
 

3 comentarios

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Invitado
27 ago

My condolences to you, sweetheart May she forever be surrounded with peace, love, and tenderness

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David
21 ago
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Outstanding heartfelt blog about your family and the import lesson learned throughout this difficult time. My prayers and thoughts go out to all of you. I'm sure your grandmother is watching proudly over all of you. ❤️

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JJ
20 ago
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

What an insightful sentiment about love and family. My prayers for you and your family.

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